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Aldemar Correa

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ALDEMAR CORREA
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ALDEMAR CORREA 1
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Comentarii album • 3
anonim
oana 18 octombrie 2010  
frumos....
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larrrry 25 septembrie 2010  
SSSSSSSSSSSSSSSUUUUUUUUUUUUUUPPPPPPPPPPPPEEEEEEEEEEEEERRRRRRRRRRRRRRRR
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NinosRicosPobrePadres 23 iunie 2010  
Aldemar Correa hasta los cinco años creció con los abuelos en Ituangoen, el norte de Antioquia, en Colombia, en una casa campesina de puertas abiertas que muestra con impecable holgura las pulcritudes del interior, los muebles, las personas, el aire perfumado de naturaleza, la libertad de la vida circulando sin misterios y el discurrir parsimonioso del tiempo. De esos primeros sorbos de niñez, él adoptó un comportamiento silvestre, en el que da igual estar desnudo o cubierto con bufanda y pasamontañas. “Soy impúdico. Nada más evidente que la naturaleza”. De aquella finca recuerda en especial una noche, perdido en el campo. Tenía cinco años y las nubes eran una danza que escondía y develaba la luna ante los ojos de mapache del pequeño Aldemar. Llegó a casa bien tarde, quizá en la madrugada, y tras un regaño, un abrazo y unas lágrimas, se fue a la cama pero se demoró en dormirse. La experiencia lo cambió. Lo volvió otro. Y poco o nada lo sorprende ahora. Aún sale a caminar en la noche.

El actor colombiano desprecia las discriminaciones y los rótulos. Hijo de una familia de firmes principios, Aldemar era un estudiante promedio del Colegio Bolivariano de Medellín. Se destacaba en fútbol, y más adelante en natación. Las únicas breves excursiones en la actuación fueron los desfiles de los actos cívicos y en un Día Cultural en que “con mi hermano hicimos el 'oso' declamando una poesía a dos voces”. Aldemar terminó el colegio y gracias a un trabajo de “patinador” de estrados judiciales se vislumbraba como un formidable abogado porque a los seis meses ya redactaba demandas, interponía recursos y era amigo de los secretarios de despachos. “Lo de las demandas fue fácil: sólo era copiar minutas”. Al poco tiempo se aburrió, le pareció que la abogacía es ardua y circular, plana y repetitiva. Inició ingeniería ambiental pero a los pocos semestres conoció a un grupo de actuación “y le dije a mi mamá que mi decisión era ser actor profesional, que iba a suspender la carrera”.

Estuvo en tres academias de actuación en las que contó con tres crudos y generosos maestros. La orden de Di Prietro era: “Róbele al mundo, que este mundo no es de nadie”. Vilma Sánchez le decía que a veces parecía un alma en pena. Y para la serie de ‘Vuelo 1503’ le enseñaron a jugar con las luces y las sombras, tener en cuenta cada uno de los detalles del escenario y manejar el cuerpo con la coordinación de un gimnasta. Ha sido casi una década al servicio del cuerpo interpretando otros cuerpos, y la cual empezó con la deserción de la universidad, el nacimiento de un primogénito y los días en que vendía implementos de aseo, y ahora llega por unos instantes al puerto amable de la vida. Se entendió con Simón Brand porque creen en la escuela del oficio. “Cuando dicto conferencias en universidades les digo a los estudiantes que seis años de academia no les va a enseñar tanto como un día de rodaje”, dice el director que desde un principio halló en Aldemar a un actor que respeta las órdenes y el libreto y que además lo enriquece con una infinidad de posibilidades corporales.

Llegó al director durante los casting para ‘Paraíso Travel’. “Cristina Umaña me recomendó. Esa primera prueba le gustó a Simón y fui citado para que a los ocho días presentara cuatro escenas de la película”. Estando en la casa de Jorge Franco, unas semanas después, “me avisaron a quemarropa que yo sería Marlon”. Con John Leguízamo comparte Aldemar una coincidencia que los define como dos trashumantes de la calle. Ambos conocen Chapinero, lo han caminado, saben que es el punto limítrofe donde en relativa paz se citan las caras de todos los estratos. Leguízamo ama a Chapinero, nació en la clínica David Restrepo y allí vivió y lo defiende, lo siente suyo y quizás por eso le insistió a Aldemar sobre la memoria del cuerpo, pues para este ‘Paraíso Travel’ en versión de cine es ideal por ser una historia urbana.

La primera vez que Aldemar se vio como Marlon fue en la discoteca Salomé. Asistió allí para aprender a bailar salsa, pues el guión así lo exigía, y de paso examinar las primeras señales de ese nuevo amigo llamado Marlon. Lo encontró torpe e inseguro, y un detalle lo desanimó: se paraba inclinando su cuerpo sobre la izquierda. Él lo hace sin inclinaciones. Su eje es el centro. No le gustó. Vino a quererlo cuando calzó sus zapatos. “Armo todos mis personajes desde el calzado”, dice el actor que ahora camina de lado. Una estrella que seguramente brillará con luz fuerte.

El actor colombiano abre su corazón para revelar datos de la primera sentencia que un juzgado emitió por el asesinato de su hermano Gonzalo. El 18 de diciembre del 2006, en inmediaciones de Yarumal, Antioquia (Colombia), el ingeniero civil Gonzalo Correa, hermano mayor del actor Aldemar Correa, fue asesinado y enterrado en una fosa común y reportado como guerrillero por parte de miembros de un grupo de contraguerrillas del batallón Girardot, adscrito a la Cuarta Brigada. La familia Correa emprendió una acción judicial que el 21 de mayo del 2009 condenó a cuatro miembros del Ejército a 35 años de prisión por falso positivo, según el radicado 3965 de la Fiscalía de derechos humanos en Medellín. Aldemar dio estas declaraciones: "que se sepa la verdad, en Colombia muchos crímenes quedan impunes, la gente se queda con la boca callada. Voy a encontrar a los responsables", y ahora esa promesa es una realidad. El proceso continúa contra dos miembros más del ente militar.

Aldemar Correa es uno de los protagonistas de ‘Niños ricos, pobres padres’, telenovela que inició después de regresar de México, donde grabó ‘Deseo prohibido’, su primer trabajo después de la película ‘Paraíso Travel’.

-¿Cómo es David, a quien das vida en ‘Niños ricos, pobres padres’?
Es un joven muy aterrizado, que hace las veces de papá en su familia. Es un muchacho virtuoso, con un talento especial, que le hace resaltar dentro de una sociedad a la que no pertenece. Este personaje genera conflictos porque tiene muchos valores y destaca frente a los demás por ser diferente a los demás, aunque él mismo no sea conflictivo.

-¿Crees que el dinero es importante para sobrevivir?
El dinero te da poder. Y si tienes mucho dinero en esta sociedad, no tienes límites, pero esos estribos los puedes perder en la vida, si no tienes a una persona que te guíe. El dinero sí te puede dar comodidades, lujos y excesos, pero no te va a hacer una buena persona.

-¿Cómo ves las diferencias de las clases sociales?
Las diferencias entre varias clases sociales es bastante complejo. Cada persona es diferente, pero siempre aprenderemos cosas nuevas de la persona, así sea pobre o rica.

-¿Cuál es la peor influencia en los jóvenes?
El entorno social, aunque lógicamente los padres también son muy importantes porque ellos te deben de soltar las alas para poder volar por el mundo y moverte en la sociedad, bajo unos principios que te dan los padres y los jóvenes tienen que ir escogiendo sus amistades.

-En el 2006 perdiste a tu hermano mayor, que fue asesinado, ¿cómo fue el proceso cuando descubriste el asesinato de tu hermano?
Reinventar la familia fue lo más duro. Gonzalo era un pilar muy importante para todos nosotros, sentí que tenía que sacar a mi familia adelante. Esa tragedia nos fortaleció en amor y me tocó amarrarme el cinturón y apoyar a mis padres y hermanos. Con Gonzalo nos criamos como mellizos, fue como si una mina quiebrapatas hubiera acabado con la mitad de mi vida.

-¿Tu familia ha tenido consecuencias por emprender una acción legal contra los asesinos?
Empezamos a vivir con miedo, no es un secreto que éramos sobrevivientes de esta sociedad. Sabíamos como familia que estábamos en el ojo del huracán, nos sentíamos acorralados con llamadas y otras intimidaciones y, aunque no supimos de parte de quién eran, sí las sentimos. Por tal motivo mi familia tuvo que mudarse en varias oportunidades.

-¿Estás tranquilo con el fallo, crees que se hizo justicia?
Forma parte de un proceso de justicia, es importante que los culpables estén tras las rejas. Esto aún no ha terminado pero ya se ven los resultados, vamos bien, yo me siento tranquilo de saber que el sistema está respondiendo.

-¿Estuviste presente en el juicio de los implicados?
Por mi salud mental prefiero no ver a ninguno de ellos. Mi madre sí tuvo el valor suficiente para verlos. Ahora que soy el mayor de los hijos estoy enfocado en velar por mi familia.

-¿Cómo afrontó tu mamá todo este proceso de tener enfrente a los victimarios de su hermano?
Sagradamente, no le he preguntado. Lo dejo a la imaginación, estoy seguro de que para ella no fue fácil, pues tuvo que dar declaraciones sobre los hechos.

-¿Qué esperas con este proceso?
Lo importante es que se limpie la memoria de mi hermano. Hasta el momento el fallo habla por sí solo, porque se demostró que fue un falso positivo y quedó claro que las víctimas somos nosotros. Mi madre descansa por el hecho de que se haga justicia.


Aldemar Correa fue David Castro en ‘Niños ricos, pobres padres’:

Gracias a una beca, David (un joven de 18 años) entró a estudiar en la preparatoria. Fue ahí donde se dio cuenta de que todo, absolutamente todo lo que a él le hace falta, sus compañeros lo tienen en exceso. Excepto una familia, claro está.

Desde el instante en que David pisó la escuela se convirtió en el blanco de burlas y abusos de sus compañeros. Era obvio que no estaba al nivel económico del resto de la clase y eso, desafortunadamente para David, se notaba. Nunca antes el joven Castro había sentido que su condición económica fuera algo de lo que debía avergonzarse. Pero en el colegio se encargaron, diariamente, de hacerlo sentir inferior por eso.

Sin embargo, David nunca se sintió menos que ellos. A pesar de las burlas, David aprovechó sus habilidades con los sistemas de computación para hacerse notar entre la multitud. El único problema fue que sus compañeros, entre los que se encuentra su enemigo Esteban, al enterarse de que tenían un “genio” entre ellos, decidieron que era hora de que las tareas fueran hechas por el que consideraban prácticamente su esclavo.

Los problemas comienzan para David. En la prepa es el hazmerreír de sus compañeros y en la casa, la enfermedad de su padre, Rafael, avanza irremediablemente. Ahora, el taxi que siempre manejaba reposa parqueado frente a la casa de los Castro, la artritis de Rafael no ha permitido que salga a trabajar. La comida en la casa escasea y David decide tomar el problema en sus manos, es por eso que después de clases, sale a manejar el taxi de su padre.

Pero es precisamente en una de sus rondas como taxista que le sucede algo que a David le cambia la vida: conoce a Alejandra Paz. Bonita, agradable y con muchos más sesos que sus odiosas compañeras, David la ve como una aparición, y por un momento, todos sus problemas desaparecen y mientras habla con ella en el taxi de su papá, decide que una mujer como ella es la que quiere para su vida. Lo que no se imagina David es que Alejandra caerá, como todos sus compañeros, en los peores vicios, los mismos en los que ellos están inmersos. Para Alejandra, David será quien la salve, quien la guíe y la convenza a ser la misma joven dulce y agradable que era cuando la conoció.
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